México de la
Independencia:
País de
ignorancia, de pobreza, de educación incipiente
Dra. María
Guadalupe Barradas
México de la
Independencia, país de ignorancia, de pobreza, de educación incipiente en manos
de la Iglesia, cuyo objetivo final fue la “instrucción”
basada en la disciplina de las nuevas élites criollas, que pretendía
eliminar las concepciones y categorías mentales de las culturas prehispánicas
por nuevos esquemas y formas de vida más convenientes para la cultura española.
País de
creyentes, Guadalupano, lleno de injusticias y abusos de prerrogativas.
Usurpado, violentado y humillado, que a través del arte y las letras se origina
una conciencia nacional, que madurando en el siglo XVIII, cuando los espíritus
más selectos entran en contacto con la filosofía, con la razón, siendo
seducidos por la apertura intelectual del enciclopedismo y conmoviéndose ante
los grandes ejemplos de la Independencia norteamericana y la Revolución
Francesa.
Sin embargo, en materia
de educación en esta Época Independiente, Wenceslao Sánchez de la Barquera y
José Joaquín Fernández de Lizardi divulgaron en México las ideas de Juan Jacobo
Rousseau y de los enciclopeditas, así como la concepción naturalista de la
enseñanza. El 22 de febrero de 1822 Manuel Cordoniú, Agustín Buenrostro,
Eulogio Villaurrutia, Manuel Fernón Aguado y Eduardo Torreau fundaron en México
la Compañía Lancasteriana, cuya finalidad era la de impartir educación a corto
plazo y a bajo costo, pues la nación carecía de recursos para proporcionar ese
servicio al mayor número de mexicanos, además de que tampoco disponía de
profesorado.
Para 1822, de acuerdo a Dorothy Estrada, la ciudad de México
contaba con 71 escuelas primarias, integradas por 3800 alumnos, siendo tres
escuelas particulares, dos conventos y la primera escuela lancasteriana llamada
“El Sol”, la cual utilizaba el método pedagógico de la enseñanza mutua, por la
cual los niños debían sentarse en semicírculos en torno al expositor,
introduciendo el empleo de mapas, carteles y araneros, así como los ejercicios
de dictado.
De igual forma, Dorothy Estrada,
indica:
“(…) fueron características de
las escuelas lancasterianas, la “divisas de mérito y castigo”, unas tarjetas o
planchuelas de madera que el director colgaba con una cuerda al cuello del
niño, por las cuales el monitor de cada clase indicaba qué alumnos merecían las
que decían “aplicado” o “puesto de mérito” y también señalaban a los infelices
que tenían que llegar el letrero “puerco”, “soberbio”, “por modorro”,
“desaplicado”, “por pleitista”, etc.”
Dando, como consejo a los maestros, lo siguiente:
“Es menester que sepa el niño que
hay un castigo para cada falta y que esté asegurado de recibir esta pena cuando
cometa el delito… se ha de exigir respeto, obediencia y subordinación de los
niños a los directores, y a los instructores generales y particulares; sin
estas bases no puede haber progresos en los remos de la enseñanza”.
El horario de la mayor parte de las escuelas era de 8:00 a 12:00
horas y de las 14:00 a 17:00 horas de clase. El ochenta porciento de los
alumnos tenía entre seis y diez años, aunque algunos sólo tenían cuatro años y
otros, catorce. Terminadas las clases, los niños rezaban de rodillas y luego al
compás de sucesivos toques de la campanita se paraban, se ponían sus sombreros,
colocaban las manos en las costuras del pantalón y se presentaban frente al
director en el orden que se les nombraba, para escuchar las penas impuestas por
las faltas cometidas. Sin embargo, a pesar de las amonestaciones y quejas de
los maestros, apenas abandonaban la escuela, los muchachos explotaban en
gritos, carreras, juegos y pleitos, quedando sujetos a las influencias y
condiciones de la familia, hasta incluso del momento político – social que se
vivía en esa época.
Una realidad del siglo XIX, que en muchas ocasiones sigue vigente en este siglo XXI.
Una realidad del siglo XIX, que en muchas ocasiones sigue vigente en este siglo XXI.
Referencias
Álvarez, José Rogelio
(1987). Enciclopedia de México. Tomo
IV y VII. México: Compañía Editora de Enciclopedias de México. S. A. de C. V.
Tanck, Dorothy . (s. f. ). Las escuelas
lancasterianas en la ciudad de México (1822 – 1842). Disponible en: http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/4DCY341NUL89URFFJ4C3QF2IPNJ9SK.pdf
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